lunes, 19 de agosto de 2013

La sal de la vida, de Anna Galvada


Creo que La sal de la vida entrará en mi lista de grandes decepciones, lo que tiene mucho mérito habida cuenta de que me puse a leerlo por casualidad y sin esperar absolutamente nada de él. Bueno, tanto como nada no, a mí me gusta que al menos no se tome al lector por tonto.

Esta obra de Anna Gavalda (no había tenido nunca el gusto), que no sé muy bien si clasificar como novela, novela corta, cuento largo, o qué, trata de lo siguiente: Simone, Garance y Lola son tres hermanos que se dirigen a la boda de un familiar, pero justo antes de la ceremonia deciden huir para visitar a su hermano pequeño, Vicent, que trabaja como guía en un palacio.

Hasta aquí parece que nos prometen una historia emotiva y humorística sobre la familia, como esas típicas películas independientes europeas. Pero lo que para mucha gente es la recreación de la infancia robada de unos hermanos, para mí no es más que un relato pedante y pretencioso donde la autora los personajes parecen mirar al lector desde un pedestal hecho a base de supuesto ingenio e inteligencia burguesa.

Tengo que admitir que durante las primeras páginas el libro me estaba resultando entretenido (aunque tampoco gracioso y mucho menos hilarante) pero para mí la historia fue fallando a medida que conocía a sus protagonistas. Para los que ya la hayáis leído, creo que me vais a entender perfectamente cuando digo que no me siento para nada identificada con Garance, el primer personaje que nos presentan, y sin embargo sí con su cuñada. Y el resto de los hermanos no salen mejor parados.

Además, y esto es una cuestión personal, nunca me han gustado las novelas con referencias culturales tan descaradas y obvias. Sinceramente, ese final de 3 páginas citando canciones de Björk, Pulp y Jeff Buckley se me indigestó un poco.

Eso sí, no todo es malo y La sal de la vida tiene un gran punto a su favor: su extensión. Creo que no hubiese aguantado ni una página más de las 150...




viernes, 16 de agosto de 2013

La trama nupcial, de Jeffrey Eugenides




No sé si es una casualidad o un cúmulo de circunstancias personales, pero el caso es que no paro de encontrarme una y otra vez con historias de universitarios, lo que quiere decir que estoy hartita de leer y de ver cómo se supone que los jóvenes pasan de la adolescencia a la edad adulta. Después de esto vendría un largo "bla, bla, bla", pero entonces aparece La trama nupcial, y la verdad es que no puedo decir nada malo de este libro (o sea, que así, sí).

Antes de empezar a leerlo no pude evitar hacer lo que suelo hacer siempre, que es echarle un vistazo a las críticas en Goodreads, y me ha llamado poderosamente la atención que mucha gente no parara de nombrar una y otra vez la anterior novela de su autor: Middlesex, que casi siempre parece salir ganando.

Por si me lee algún seguidor de Jeffrey Eugenides, he de dejar un par de cosas claras antes de que sigan leyendo este intento de reseña, para que vean por dónde van los tiros:

1) Sí, en su momento leí Middlesex. Supongo que el Premio Pulitzer era bien merecido porque la novela me gustó y mucho.

2) Creo que la gente olvida de manera injusta su primera obra, Las vírgenes suicidas, que no tiene Pulitzer pero que me parece mucho más redonda.

Supongo que es inevitable intentar comparar La trama nupcial con sus hermanas mayores, más que nada porque con este ritmo de trabajo este escritor comienza a parecerse al cometa Halley, y uno siempre intenta unir los libros dentro del mismo universo. Pues bien, a pesar de esto no pienso caer en la comparación, aunque os voy a hacer una confidencia que espero que quede entre nosotros: no me parece que Middlesex sea mejor. En absoluto.

En La trama nupcial Jeffrey Eugenides nos transporta a principios de los ochenta mediante el personaje de Madeleine, una joven enamoradiza e idealista, que está trabajando en su proyecto fin de carrera sobre el matrimonio en la literatura inglesa del siglo XIX. Pero la trama comienza a recordar levemente a Jane Austen cuando conocemos a su amigo Mitchell, estudiante de teología, que está enamorado de nuestra protagonista, aunque esta a su vez a quien quiere es a Leonard, un joven que parece no ser demasiado conveniente para ella.

Este triángulo amoroso, tan propio de las novelas de la época estudiada por Madeleine, funciona a la perfección gracias a la inteligente narrativa de Eugenides, que se toma su tiempo para presentarnos a cada personaje, y cuyo ritmo es tan trepidante como el de las mejores novelas victorianas.

Y el libro al final deja un regusto amargo, porque no deja de ser realista que el camino a la madurez pase por la frustración y infelicidad. Y al final uno no sabe muy bien si eso lo provoca la edad adulta o el matrimonio.

En definitiva, una gran novela, para mí la mejor del autor hasta la fecha. ¿Y ahora qué, Jeffrey? ¿Nos volveremos a ver en 2020?


viernes, 12 de julio de 2013

Fortunata y Jacinta, de Benito Pérez Galdós




Quien siga manteniendo que la novela es la más "sucia" de las formas de expresión literaria, porque cualquier cosa que se cuente en ellas sería fácilmente resumible en pocas páginas, escenas o versos, miente. Y si sigue en sus trece, que coja Fortunata y Jacinta y se atreva a desechar uno solo de los párrafos de las más de mil páginas que componen la obra.

Y es que Galdós no deja nada al azar, ni tampoco es un autor que guste del relleno aunque lo pueda parecer. Ya empezando por el título, acompañado con la apostilla de Dos historias de casadas, que es muy necesaria para saber lo que en realidad nos vamos a encontrar, que son las historias de estas dos mujeres, cuyas vidas confluyen pero apenas se tocan.

Para poner al lector en antecedentes, ahí va el argumento: Juanito Santa Cruz, un joven caprichoso de clase acomodada, conoce de manera casual a la hermosa Fortunata, de clase social más baja. Tras abandonarla embarazada, se casa con su prima Jacinta, mujer muy cabal y virtuosa que parece llevar una vida perfecta de no ser por el detalle de que es incapaz de tener hijos. Pronto empezarán nuevamente las idas y venidas de los amores entre Juanito y Fortunata al casarse esta de manera forzosa con el abúlico farmacéutico Maximiliano Rubín. Puro folletín acompañado de una buena dosis de estudio sociológico.

Supongo que no es fácil escribir una novela tan larga (en mi caso, ni siquiera una corta), porque uno corre los clásicos riesgos de los cabos sueltos, las tramas farragosas y un sinfín de despropósitos que don Benito ha sabido esquivar. En el caso de Fortunata y Jacinta creo que su valor reside en una estructura perfecta: cuatro partes donde se desarrollan los diferentes triángulos amorosos que marcan la vida de las dos infelices casadas.

Y a propósito de este punto sobre la extensión de la obra, os tengo que decir que yo la he leído en mi Kindle (podéis descargarla aquí), y es un alivio no llevar semejante tocho en el bolso, pero muy mal estas ediciones sin una triste nota, seguramente hubiese sido mejor tirar de una edición de Cátedra aunque sean dos tomos, pero ya es tarde.

Retomando la cuestión, además de lo típico reseñable en las novelas galdosianas, como la impecable construcción de los personajes o el hábil y detallado uso de la descripción, llama la atención el juego de perspectivas, al que quizás un lector actual esté ya habituado, pero que no le resta mérito a la obra. Así, aunque tenemos un narrador omnisciente, las diferentes tramas son narradas desde el punto de vista de Jacinta y de Fortunata, sin emplear la tediosa maniobra de emplear para el mismo tiempo diferentes perspectivas, sino viendo por ejemplo un hecho desde el punto de vista de un personaje, pero sus consecuencias desde otro diferente. Y en este punto me quito el sombrero, porque si es complicado explicarlo más lo habrá sido idearlo y ponerlo en práctica.



Os recomiendo este clásico, que es para mí la mejor novela de Galdós que he leído hasta la fecha, lo que equivale a decir que es una de las mejores novelas que ha dado nuestro país. Y por último solo quiero añadir que me ha parecido realmente disfrutable la recreación de ambientes. Qué ganas le entran a uno de volver a Madrid y pasear por la calle Postas...


domingo, 23 de junio de 2013

Buñuel y una biografía de verdad: Mi último suspiro



Siempre me han hecho gracia las críticas a esos libros de las Cincuenta sombras y todo ese porno para mamás que vino después. No es que yo quiera defender el género, simplemente es que si simples son esos libros más simples es expresarlo en voz alta como si los demás no nos hubiésemos dado cuenta (aprovecho para de decir que servidora se ha leído alguno que otro, así que no me malinterpretéis). No ocurre lo mismo con otro género, el de las biografías, que salvo contadas ocasiones no son más que pseudoliteratura, y sin embargo suelen contar con el respeto de aquellos lectores "serios".

Pero tranquilos, no os he atraído aquí con el título con promesas de hablar de Luis Buñuel para luego ponerme a hablar solo de fruslerías, lo que quiero decir con todo esto es que me he dado cuenta de que este género no tiene por qué ser siempre literatura de segunda, y para muestra un botón: Mi último suspiro me ha llenado más que muchas novelas.

¿Dónde está el quid?, ¿en que Buñuel era un genio de verdad? Sería un genio, no os digo yo que no, pero no nos vamos a engañar, si os animáis a leerlo veréis que entre un comentario inteligente y otro, dice una buena sarta de tonterías... La cosa está en que se trata de una autobiografía escrita con cariño, sentimiento y mucho, muchísimo sentido de la estética, algo de que lo que a menudo carecen escandalosamente estos libros.

Recuerdo que hace muchos años, en la celebración de algún centenario o algo similar, leí una entrevista rescatada de Buñuel en la que hablaba de la envidia que le producían los escritores, pues de haber sabido escribir nunca se hubiese metido a hacer cine. Por eso años después me sentí intrigada al encontrar su autobiografía, y tras leerla he de decir que qué pena que los malos escritores de verdad no sean así, porque me ha parecido lo mejor que se puede esperar del género.

Aunque parezca que se trata de un libro escrito a trompicones, con recuerdos dispersos sin un hilo que nos indique lo que debemos ir esperando al pasar la páginas, nos encontramos ante un relato muy cuidado (lo que no sabemos es si gracias a Buñuel o a Jean-Claude Carriére),  y aunque a veces parezca talmente que nos encontramos ante el flujo de conciencia del propio autor, responde a la visión onírica de la obra, pero también la que Buñuel manifestaba tener sobre su propia vida.

Os guste o no el cineasta, lo interesante del libro no es la vida del de Calanda ni su filmografía, sino su punto de vista como epicentro histórico y cultural del momento que le tocó vivir. Y al lado de todo tipo de datos y reflexiones sobre sus películas están las no menos importantes sobre la vida, la muerte y el camino a la vejez.

Os recomiendo esta biografía que, como debe ser, habla precisamente de eso: de la vida.


viernes, 31 de mayo de 2013

Feminist Ryan Gosling


Me vais a permitir esta micro entrada para que os cuente que hace unos días me regalaron este libro, Feminist Ryan Gosling (Feminist Theory from Your Favorite Sensitive Movie Dude), que me ha encantado y me ha parecido muy curioso así que os lo enseño (además, esto se llama Qwerty Libros, no Qwerty Novelas, ¿verdad?).

Se trata de una recopilación del blog Feminist Ryan Gosling, una curiosa idea de ligar fotografías del actor con frases relacionadas, en mayor o menor medida, con el feminismo, pero siempre muy ingeniosas. Mi preferida es esta:


Esta idea tan simple pero efectiva fue ganando popularidad con el meme "Hey girl", hasta el punto de que la creadora, Danielle Henderson, ha tenido la oportunidad de recopilar muchas de estas frases en un libro que ha acompañado de un prólogo donde nos cuenta cómo surgió la idea del blog.

Os lo recomiendo,  no os vayáis a pensar que es tan superficial como parece, resultan muy provechosas las alusiones a las teorías feministas (si eres una persona curiosa, aprenderás mucho googleando) y es muy divertido, por no decir que no debéis subestimar el poder de Ryan Gosling.


sábado, 25 de mayo de 2013

Levantad, carpinteros, la viga del tejado




Cuando comencé a leer este libro (publicado conjuntamente con Seymour, una introducción en 1963) me gustó la sensación de reencontrarme con Buddy Glass, pero también es cierto que la sensación es agridulce porque es ya lo último de Salinger, quiero decir, el último libro que publicó y también el último que yo he leído porque, sin darme cuenta, he ido leyendo todas sus obras en el orden en el que se publicaron.

Para quien no lo sepa y quiera situarse, Levantad, carpinteros, la viga del tejado es un relato escrito por J.D. Salinger donde aparecen los hermanos Glass, que yo ya conocía por Franny y Zooey (1961) y algunos cuentos incluidos en Nueve cuentos (1953). Esta curiosa familia neoyorkina se compone de 7 hermanos, y esta obra se centra en los dos mayores: Buddy, eterno narrador que nos habla desde sus 40 años del presente, y Seymour, al que ya habíamos conocido en el cuento "Un día perfecto para el pez plátano", donde se narra su trágico final.

En esta ocasión la historia se desarrolla el día de la boda de Seymour, aunque este personaje nunca llega a aparecer. Está narrada por su hermano Buddy, único asistente de la familia del novio, que se hallaba en aquel momento haciendo el servicio militar. Seymour no se presenta, y por culpa de un atasco Buddy queda atrapado en un coche con otros invitados oyendo, por supuesto, las especulaciones sobre el novio.

Lo que más me ha gustado del relato es, al igual que vemos en Seymour: una introducción, la narración de un Buddy que mira al pasado intentando llenar huecos, y la manera en la que retrata a su hermano mayor, todo un referente para la familia, y para él, en concreto, un amigo y compañero espiritual, pero también un hombre inmaduro, profundamente pesimista y con ciertos problemas mentales.

Me ha parecido especialmente conmovedor el principio, en el que introduce al lector en la historia por medio de una anécdota: una noche en la que por una epidemia de paperas trasladan a la pequeña Franny a la habitación de los hermanos mayores, esta no puede parar de llorar y Seymour decide calmarla leyéndole un cuento taoísta sobre el buscador de caballos de un duque que tiene que encontrar un sucesor para su trabajo, alguien que sepa obviar los detalles triviales y se guíe por lo espiritual. El propósito está claro, el lector ya conoce a la familia Glass y sabe que Seymour hace tiempo que se ha suicidado en el momento que comienza la narración, y como dice Buddy:

"Desde que el novio se retiró definitivamente de la escena no he conocido a nadie a quien pueda encomendarle que salga a buscar un caballo en su lugar."

A pesar de que el personaje de Seymour lo llena todo, de especial interés me ha parecido el curioso viejecito con el que coincide Buddy en la boda. Aunque extraño y taciturno (sordomudo en realidad), es el único con el que nuestro narrador llega a empatizar. Y esto me encanta de las obras de Salinger, que no hay personajes malos ni poco definidos, cada uno de los actos y conversaciones que se llevan a cabo en sus obras terminan teniendo una importancia del todo relevante para el lector, con el que nuestro narrador ya ha creado una total complicidad.

Y cuando hablo de complicidad no me refiero solo a los constantes guiños al lector, también nos sentimos partícipes porque con la familia Glass se ha creado todo un universo literario que gira en torno a un Nueva York que se nos antoja que no hemos conocido cuando en realidad nunca ha existido... Y esto a mí, queridos lectores, me parece magnífico.

Supongo que muchos de vosotros hayáis leído El guardián entre el centeno, y tanto si os ha gustado como si no, os recomiendo que le hagáis un hueco a Levantad, carpinteros, la viga del tejado. Pensad que solo tres obras fueron suficientes para que Buddy Glass demostrase que sabía hacer algo más que escribir sobre adolescentes gruñones. 

Perdón, donde dije Buddy Glass quería decir Salinger.


domingo, 19 de mayo de 2013

Un extraño en París, de W. Somerset Maugham


Como os comentaba hace tiempo, no me resulta fácil leer obras de Somerset Maugham, porque la mayoría de ellas parecen no tener traducción o estar descatalogadas, así que cuando vi que Ediciones B había publicado recientemente una de sus novelas, Un extraño en París, me ha faltado tiempo para leerla.

Esta obra rompe para mí con el tópico de Maugham de sus títulos. Ya no se trata de una expresión descontextualizada a la que le encontraremos sentido a medida que vayamos desgranando la historia (algo que ocurría con Servidumbre humana, El velo pintado y El filo de la navaja), sino que su título original es simplemente Christmas Holiday y en español la han llamado, torpemente a mi parecer, Un extraño en París.

Escrita en 1939, la historia es la siguiente: Charley Mason, un jovencito inglés de familia acomodada, decide pasar las vacaciones de navidad en París, donde presuntamente se reencontrará con su amigo Simon, pero sus vacaciones no serán lo que él esperaba al conocer a Lydia, una prostituta rusa con la que descubrirá poco a poco los bajos fondos parisinos, y al ver en lo que su amigo se ha convertido.

He visto que a menudo catalogan esta novela como policíaca, pero si sois amantes de la novela negra os sentiréis altamente decepcionados porque no es el caso. Es cierto que Charley va descubriendo poco a poco cómo Lydia ha llegado al burdel donde la conoce, y su historia está relacionada directamente con un asesinato cuyos detalles son para nuestro protagonista las piezas de un puzzle que intenta encajar. Sin embargo, esta trama que podemos calificar como de intriga, es tan solo la excusa del autor para poner a su protagonista ante un mundo totalmente desconocido para él.

Queda claro, en seguida, que Charley aprenderá mucho de ese viaje y que la joven rusa le abre la puerta a un un mundo diferente, como si al cruzar el canal de la Mancha nuestro protagonista hubiese descendido a un submundo dramático y sórdido, predecesor sin duda de épocas mucho más convulsas, pero que se percibe como más real que el vivido hasta entonces en su apacible Londres:

Experimentaba algo que no había sentido jamás. Le parecía como si de pronto se hubiese rasgado un velo que pintaba el mundo de agradables y familiares colores, y se encontrara de repente ante una sombra convulsa y retorcida por el dolor.

No podía faltar un parrafito de la novela, que condensa muy bien el espíritu de la misma, y que además me pareció curiosa por esa alusión, de nuevo, al velo pintado.

Dicen que Maugham con Un extraño en París pretendía plasmar la ignorancia de la clase acomodada británica ante la situación dramática que se estaba viviendo en el continente en la época de entreguerras, y algo me dice que con esta novelita (corta y sencilla, pero tremendamente efectiva), lo consiguió. Os la recomiendo.



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