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domingo, 19 de mayo de 2013

Un extraño en París, de W. Somerset Maugham


Como os comentaba hace tiempo, no me resulta fácil leer obras de Somerset Maugham, porque la mayoría de ellas parecen no tener traducción o estar descatalogadas, así que cuando vi que Ediciones B había publicado recientemente una de sus novelas, Un extraño en París, me ha faltado tiempo para leerla.

Esta obra rompe para mí con el tópico de Maugham de sus títulos. Ya no se trata de una expresión descontextualizada a la que le encontraremos sentido a medida que vayamos desgranando la historia (algo que ocurría con Servidumbre humana, El velo pintado y El filo de la navaja), sino que su título original es simplemente Christmas Holiday y en español la han llamado, torpemente a mi parecer, Un extraño en París.

Escrita en 1939, la historia es la siguiente: Charley Mason, un jovencito inglés de familia acomodada, decide pasar las vacaciones de navidad en París, donde presuntamente se reencontrará con su amigo Simon, pero sus vacaciones no serán lo que él esperaba al conocer a Lydia, una prostituta rusa con la que descubrirá poco a poco los bajos fondos parisinos, y al ver en lo que su amigo se ha convertido.

He visto que a menudo catalogan esta novela como policíaca, pero si sois amantes de la novela negra os sentiréis altamente decepcionados porque no es el caso. Es cierto que Charley va descubriendo poco a poco cómo Lydia ha llegado al burdel donde la conoce, y su historia está relacionada directamente con un asesinato cuyos detalles son para nuestro protagonista las piezas de un puzzle que intenta encajar. Sin embargo, esta trama que podemos calificar como de intriga, es tan solo la excusa del autor para poner a su protagonista ante un mundo totalmente desconocido para él.

Queda claro, en seguida, que Charley aprenderá mucho de ese viaje y que la joven rusa le abre la puerta a un un mundo diferente, como si al cruzar el canal de la Mancha nuestro protagonista hubiese descendido a un submundo dramático y sórdido, predecesor sin duda de épocas mucho más convulsas, pero que se percibe como más real que el vivido hasta entonces en su apacible Londres:

Experimentaba algo que no había sentido jamás. Le parecía como si de pronto se hubiese rasgado un velo que pintaba el mundo de agradables y familiares colores, y se encontrara de repente ante una sombra convulsa y retorcida por el dolor.

No podía faltar un parrafito de la novela, que condensa muy bien el espíritu de la misma, y que además me pareció curiosa por esa alusión, de nuevo, al velo pintado.

Dicen que Maugham con Un extraño en París pretendía plasmar la ignorancia de la clase acomodada británica ante la situación dramática que se estaba viviendo en el continente en la época de entreguerras, y algo me dice que con esta novelita (corta y sencilla, pero tremendamente efectiva), lo consiguió. Os la recomiendo.



viernes, 29 de marzo de 2013

Libros de cabecera: Servidumbre humana


Hoy, para animar esta Semana Santa, os voy a hablar de una de mis novelas preferidas de todos los tiempos: Servidumbre humana. Me he animado a ello a raíz de comprobar con mis anteriores publicaciones sobre Somerset Maugham que hay mucha más gente ahí fuera que ama su literatura.

Este libro es tan especial para mí que merece que su historia también sea contada. Como ocurre con tantas cosas en la vida, llegué a él por casualidad, y es que me intrigó cuando vi que lo nombraban en un capítulo de Buffy, cazavampiros. En este capítulo ("The freshman", temporada 4, capítulo 1), un personaje lo mencionaba como su "chaleco salvavidas", una forma mucho más hermosa de designar a nuestro libro de cabecera, y Buffy hacía, como siempre, un chiste muy gracioso pero intraducible en el doblaje, que consistía en una mala interpretación de la palabra "bondage" del título original.


Llegados a este punto, lectores anónimos, y sabiendo que no me conocéis de nada, me veo en la obligación de soltaros una pincelada sobre mí misma, aunque sea yo poco amiga de airear intimidades vía internet..., pero ahí va: Buffy, cazavampiros es mi serie preferida de la historia de la televisión. Con esto quiero decir que no me quedó otra opción que hacerme con la novela para leerla.

La compré en mi librería de confianza (que muy lamentablemente ya no existe) y, tras descubrir que era también una de las novelas preferidas de mi madre, enseguida comencé a pasar páginas y a sentirme atrapada por la historia del joven Philip Carey. Ya desde el prólogo (aunque lleve un spoiler de regalo) te sientes implicado con la trama y, al menos en mi caso, vives con intensidad cada etapa de la vida de su protagonista.

La historia, más o menos, no deja de ser la de las inquietudes del joven Philip, un muchacho huérfano criado con sus tíos, con el lastre no solo de su propia desgracia sino de la tara física que le acompaña desde el momento en el que nace. Aunque parecen tener una vida preparada para él, no le interesa convertirse en un gentleman sino sofocar sus inclinaciones artísticas, y para ello viajará a Alemania y a Francia, terminando por volver su Inglaterra natal para, derrotado, decidirse a estudiar medicina.

Si cambiamos algunos detalles, como que Maugham no era cojo como Philip, pero sí tartamudo, y que en lugar de interesarse por la pintura se interesó por la literatura, podemos darnos cuenta de que la novela encierra en parte una autobiografía, que hace que la historia esté contada con una intensidad inusual en este tipo de novelas,  ya que podría considerarse, incluso, literatura juvenil.

Ni que decir tiene que os he hecho una sinopsis de lo más simple y que la historia, que prácticamente empieza en el momento en el que Philip se traslada a Londres y decide convertirse en médico, encierra en realidad muchos más matices que están ahí por descubrir, como su tormentosa relación con Mildred o su entrañable amistad con el señor Altheny. Sobre todo para nosotros es bien curioso este último personaje, que nos hace ver nuestro país con los ojos de un extranjero.

Como curiosidad, esta novela puede insertarse dentro del género denominado bildungsroman, que traducido directamente del alemán podemos decir que se refiere a las novelas de aprendizaje, protagonizadas generalmente por un adolescente. En otra novela claramente representativa de este género, El guardián entre el centeno, se hace alusión a Servidumbre humana de una forma bastante curiosa. Holden Cauldfield argumenta el por qué la novela le ha gustado pero no le ha convencido, aludiendo a su falta de ganas de hablar con el autor al terminarla. Como veis, las referencias culturales no solo iban a ser televisivas...

Como ya os dije en otra ocasión, siempre encuentro alguna frase con la que quedarme de las novelas de Maugham, y de esta siempre me llamó la atención la definición que se hace de nuestra lengua:

Debe usted aprender español. Es un idioma noble. No tiene la suavidad del italiano, pero posee grandiosidad; no es el murmullo del arroyo, sino la voz tumultuosa de un torrente.

Por cosas como esta genial metáfora es por lo que yo también considero esta novela como un chaleco salvavidas.




sábado, 2 de marzo de 2013

El velo pintado, de Somerset Maugham




Como ya os comenté hace un par de meses, siento debilidad por Somerset Maugham y era por tanto para mí impensable escribir sobre literatura sin comentar sus obras. Tampoco penséis que se trata de una lectura reciente, pues leí El velo pintado hará ya un año pero,  aunque parece  ser una obra menor dentro de su extensa producción, la historia me encantó.

Kitty considera que con 25 años y su hermana menor ya prometida es hora de casarse, y para ello escoge a un candidato que parece conveniente: Walter, un médico bacteriólogo del que no está enamorada y que vive en Shangai. Allí Kitty tendrá una aventura con un vicecónsul americano, lo que lleva a Walter a tomar la decisión de trasladarse con su mujer a un recóndito pueblecito chino en pleno brote de cólera.

Lo que más me ha gustado de esta novela es que no es lo que parece y no responde a ningún estereotipo. Aunque pueda presentar a su protagonista como una joven frívola y caprichosa, vamos viendo el camino de Kitty hacia una madurez que le hace replantearse su vida. Y su final no es nada típico.

Curioso me parece el tema del título, que está traducido literalmente y parece no tener mucho sentido en español. Ya resulta una costumbre  en Maugham el usar títulos crípticos para sus obras, y este caso no iba a ser menos. Intentando averiguar el significado de "the painted veil" he leído varias cosas, en primer lugar que la expresión está sacada de un soneto de Percy Shelley, pero también que puede hacer alusión al velo de una novia, normalmente blanco, que al estar pintado representa algo que no es puro, quizás haciendo alusión a toda una sociedad corrompida. No me parece desencaminada esta interpretación, ya que los colores tienen cierta importancia en la novela (por ejemplo, las monjas que Kitty conoce en la pequeña localidad china visten completamente de blanco).


La última adaptación cinematográfica del mismo título, El velo pintado, aunque es en algunos aspectos fiel a la novela, termina alejándose en su trama por completo, pero el resultado igualmente está a la altura. No os desvelaré mucho, pero sí os diré que Kitty decide hacer borrón y cuenta nueva con su matrimonio de una manera algo distinta, y el resultado es una historia de amor nada convencional.

Para mí hay varias razones para ver la película, pero sobre todo destaco sus paisajes y la química que hay entre sus protagonistas, Edward Norton y Naomi Watts, cuya extraña relación termina siendo muy convicente.

Y por supuesto, os animo también a leer la obra de Maugham por una sencilla razón: porque es eso, una obra de Maugham.




martes, 8 de enero de 2013

El filo de la navaja y mi pasión por W. Somerset Maugham



Es curioso, pero siempre que me preguntan por mis escritores preferidos uno de los primeros nombres que me vienen a la cabeza es el de William Somerset Maugham, autor del que he leído apenas tres novelas, aunque considero que las tres son fantásticas. Siempre estoy intentando leer más, pero tampoco se encuentran demasiadas traducciones de él, o al menos en ediciones modernas, así que estoy racionando sus pequeñas obras de arte.

Desde que casualmente leyera Servidumbre humana (1915), una de sus obras más famosas y para mí la mejor de todas, me enganché totalmente a su forma de escribir tan conmovedora. El caso es que hace un par de años encontré en casa de mi abuelo El filo de la navaja (1944), en una de esas horribles ediciones de El círculo de lectores que ya huelen a humedad, pero no fue hasta este verano cuando me decidiera a leerlo y lo he disfrutado mucho.

La novela nos cuenta la historia del joven Larry, un americano que siendo apenas un adolescente es ya un ex aviador de la I Guerra Mundial, y que atormentado por la muerte de un compañero y rechazado por su novia, Isabel, decide emprender un viaje que le ayudará a reflexionar sobre la vida y la muerte.

Aunque intentando informarme sobre más aspectos de la novela a menudo he leído que se cataloga como una historia romántica, los amores y desamores de Larry e Isabel son lo más anecdótico de una gran historia que en realidad no cuenta nada, pero que ahonda en lo más profundo de la condición humana y de la sociedad de los años veinte.

A medio caballo entre América y Europa, Maugham nos cuenta una historia muy personal, tan personal que él mismo se transforma en uno de los protagonistas, el hilo conductor en realidad de los dos mundos separados de Larry, peregrino espiritual, e Isabel, jovencita burguesa. Y todos estos encuentros y desencuentros en el marco incomparable que es París.

Como nota un tanto anecdótica, una manía: así como hay gente que compra un imán de nevera o manda una postal cuando viaja, yo siempre me guardo para mí una frase de cada novela Somerset Maugham, la apunto, la subrayo y simplemente me la quedo. En esta ocasión elegí una que, paradójicamente, hará que el joven Larry Darrell sea para mí siempre inmortal:

Quizá cuando su vida acabe no deje de su paso por la tierra señales más profundas que las que un canto arrojado al río deja sobre la superficie del agua.

Os invito a que vosotros también leáis El filo de la navaja y encontréis la vuestra. Desde aquí os la recomiendo con 5 estrellas bien merecidas.



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