viernes, 11 de octubre de 2013
Coral Glynn, de Peter Cameron
Una, que es un animal de costumbres, decidió devorar este libro por dos simples hechos: la editorial Libros del asteroide, que cuenta ya con un hueco especial entre mis libros de cabecera, y el autor, y es que después de Algún día este dolor te será útil me picó la curiosidad con Peter Cameron.
Gracias a dios que una es un animal de costumbres, efectivamente, porque Coral Glynn es una joyita que animo a todos a que leáis. En ella encontraréis la historia de una joven enfermera, Coral, que en los años 50 acepta un trabajo para cuidar a la anciana señora Hart, enferma terminal que vive con su hijo Clement en una casa de campo inglesa. Las respectivas soledades y sufrimientos de Coral y Clement harán que sus caminos se crucen de manera irremediable, dando lugar a una historia de amor nada convencional.
Si tuviera que calificar la novela con un solo adjetivo, este sería el de sentimental, pero no en el sentido de género que tradicionalmente se le ha dado sino en el más amplio sentido de la palabra, porque la historia habla, más que de amor, de sentimientos, haciendo que nos vayamos adentrando poco a poco en lo más íntimo del alma humana de cada uno de los personajes.
¿Y cómo teje Peter Cameron todo esto? Con grandes dosis de folletín, algún que otro guiño a Rebeca y, sobre todo, mucha elegancia, tanto en la narración como en el tratamiento de los temas más macabros o rocambolescos.
Y sí, he llegado a Coral Glynn por medio de Algún día este dolor te será útil, pero hay que dejar bien claro que si bien hay pinceladas propias del estilo del autor, tanto en la trama como en la recreación de ambientes estas dos novelas se alejan tremendamente una de la otra. Sin embargo destacaré la razón por la que ambas me han gustado tanto, y es simplemente porque no son obvias.
viernes, 27 de septiembre de 2013
La mujer del viajero en el tiempo, de Audrey Niffenegger
Tengo la sensación de ir siempre contra corriente... Mientras que todos los blogs volvían a su productividad habitual el 1 de septiembre, como un clavo, a mí este mes me ha hecho dormirme un poco en los laureles, y tampoco es que haya estado leyendo menos. Pero venga, voy a ver si me quito de encima la pereza y os hablo un poco de uno de los últimos libros que cayó en mis manos: La mujer del viajero en el tiempo, de Audrey Niffenegger.
Empecemos por lo importante: me gustó, no sé si añadir que moderadamente, pero creo que es una buena novela y que está fantásticamente construida, cosa nada fácil para una autora nobel como era por aquel entonces Audrey. Algunos pensaréis que faltaría más, que eso es lo mínimo que se le puede pedir a una historia, pero hay que reconocer que cuando se entrelazan líneas temporales la cosa se complica...
Me explicaré mejor. Como su propio título nos indica, La mujer del viajero en el tiempo trata precisamente de eso, de continuos viajes en el tiempo y una historia de amor: Henry ha nacido con un extraño desorden genético, que le lleva a viajar adelante y atrás en el tiempo de forma involuntaria. Así conocerá a su esposa, Clare, o más bien será ella la que le conozca a él cuando tiene solo 6 años. Para Henry es aún más complicado, pues no la conocerá a ella hasta los 28, cuando Clare ya tiene 20. A partir de ese momento el futuro de Henry se plaga de continuos viajes al pasado y al presente, donde se encontrará con su esposa a diferentes edades: Clare de niña, Clare de adolescente...
He de reconocer que por razones exclusivamente personales me gusta el tratamiento que se da del tiempo en la novela, o más bien, lo clara que termina quedando la línea temporal. No pude evitar acordarme de una conversación entre amigos que mantuve no hace mucho sobre los planteamientos de las sagas de Regreso al futuro y Terminator. Yo me mostraba partidaria de la segunda, siempre me ha parecido más poética esa teoría, y esta novela responde totalmente a esos parámetros: nada de lo que Henry haga podrá cambiar el presente, y se verá envuelto en continuas paradojas.
Aunque el planteamiento pueda parecer una locura, en realidad la trama está muy bien desarrollada. Nos encontramos ante una novela bien construida, con personajes muy bien perfilados que enseguida logran el pacto de ficción del lector, y es que tras unas pocas páginas ya aceptamos los saltos temporales como algo normal, algo incluso con lo que nos podemos sentir identificados, pues al fin y al cabo de lo que Audrey Niffenegger parece hablarnos es la de la incomunicación que existe a veces entre las parejas, o las dificultades para poder sintonizarse a pesar del amor.
Si me permitís que le saque un pequeño defecto, creo que La mujer del viajero en el tiempo me hubiese gustado mucho más si se hubiese prescindido del melodrama en la última parte de libro. Curiosamente fue en ese punto donde yo percibí que se perdía realismo.
Ah, y casi se me olvida: cómo no, hay película aunque yo no la he visto. Al parecer en ella podéis Rachel McAdams y Eric Bana como Clare y Henry con dios sabe qué resultados. Si eso id viéndola vosotros y ya me contáis.
sábado, 24 de agosto de 2013
Nación Prozac, de Elizabeth Wurtzel
Una vez más, las críticas encontradas a una obra en goodreads resultan curiosamente enriquecedoras. Antes de empezar Nación Prozac lo primero que leí fue a alguien que decía, hablando en román paladino, que su autora Elizabeth Wurtzel parecía estar encantada de haberse de conocido. Y así es.
Y es que lo primero que me ha llamado la atención de esta especie de autobiografía es la gran carga de egocentrismo que recae sobre la protagonista, porque uno siempre se imagina este tipo de trastornos afectando a las personas de otra manera totalmente distinta... Pero no nos confundamos, lo comento como lo que es, una curiosidad y no una crítica.
Si os digo la verdad, me pongo a reseñar Nación Prozac un poco en plan kamikaze, sin tener una opinión realmente formada acerca de la obra, pero como me pareció interesante leerla, creo que también es interesante hablar de ella.
Antes de nada, una advertencia: no esperéis encontrar en este libro una auténtica novela, con su planteamiento - nudo - desenlace. En ella su protagonista, Lizzie, nos contará su experiencia como joven depresiva, centrándose sobre todo en su etapa de estudiante en Harvard, y cómo esa bendita droga llamada Prozac salvó su vida.
Por ello es lógico que la narración en ocasiones resulte un tanto errática, y los detalles parezcan dispuestos al azar, pero es que la depresión parece no tener nada de lógica precisamente, y en parte es ese caos lo que refleja la estructura de la obra.
En este punto precisamente es donde creo que falló la película, en querer disponer todos los detalles dentro de un orden que, en mi opinión, resultó totalmente artificial y que impiden al espectador apreciar esta enfermedad como lo que realmente parece ser, que es un proceso.
Lo recomiendo, buena lectura, y os lo dice una que lo leyó prácticamente enterito en la playa. Tema sesudo pero fácil digestión. Ni tan mal.
lunes, 19 de agosto de 2013
La sal de la vida, de Anna Galvada
Creo que La sal de la vida entrará en mi lista de grandes decepciones, lo que tiene mucho mérito habida cuenta de que me puse a leerlo por casualidad y sin esperar absolutamente nada de él. Bueno, tanto como nada no, a mí me gusta que al menos no se tome al lector por tonto.
Esta obra de Anna Gavalda (no había tenido nunca el gusto), que no sé muy bien si clasificar como novela, novela corta, cuento largo, o qué, trata de lo siguiente: Simone, Garance y Lola son tres hermanos que se dirigen a la boda de un familiar, pero justo antes de la ceremonia deciden huir para visitar a su hermano pequeño, Vicent, que trabaja como guía en un palacio.
Hasta aquí parece que nos prometen una historia emotiva y humorística sobre la familia, como esas típicas películas independientes europeas. Pero lo que para mucha gente es la recreación de la infancia robada de unos hermanos, para mí no es más que un relato pedante y pretencioso donde
Tengo que admitir que durante las primeras páginas el libro me estaba resultando entretenido (aunque tampoco gracioso y mucho menos hilarante) pero para mí la historia fue fallando a medida que conocía a sus protagonistas. Para los que ya la hayáis leído, creo que me vais a entender perfectamente cuando digo que no me siento para nada identificada con Garance, el primer personaje que nos presentan, y sin embargo sí con su cuñada. Y el resto de los hermanos no salen mejor parados.
Además, y esto es una cuestión personal, nunca me han gustado las novelas con referencias culturales tan descaradas y obvias. Sinceramente, ese final de 3 páginas citando canciones de Björk, Pulp y Jeff Buckley se me indigestó un poco.
Eso sí, no todo es malo y La sal de la vida tiene un gran punto a su favor: su extensión. Creo que no hubiese aguantado ni una página más de las 150...
viernes, 16 de agosto de 2013
La trama nupcial, de Jeffrey Eugenides
No sé si es una casualidad o un cúmulo de circunstancias personales, pero el caso es que no paro de encontrarme una y otra vez con historias de universitarios, lo que quiere decir que estoy hartita de leer y de ver cómo se supone que los jóvenes pasan de la adolescencia a la edad adulta. Después de esto vendría un largo "bla, bla, bla", pero entonces aparece La trama nupcial, y la verdad es que no puedo decir nada malo de este libro (o sea, que así, sí).
Antes de empezar a leerlo no pude evitar hacer lo que suelo hacer siempre, que es echarle un vistazo a las críticas en Goodreads, y me ha llamado poderosamente la atención que mucha gente no parara de nombrar una y otra vez la anterior novela de su autor: Middlesex, que casi siempre parece salir ganando.
Por si me lee algún seguidor de Jeffrey Eugenides, he de dejar un par de cosas claras antes de que sigan leyendo este intento de reseña, para que vean por dónde van los tiros:
1) Sí, en su momento leí Middlesex. Supongo que el Premio Pulitzer era bien merecido porque la novela me gustó y mucho.
2) Creo que la gente olvida de manera injusta su primera obra, Las vírgenes suicidas, que no tiene Pulitzer pero que me parece mucho más redonda.
Supongo que es inevitable intentar comparar La trama nupcial con sus hermanas mayores, más que nada porque con este ritmo de trabajo este escritor comienza a parecerse al cometa Halley, y uno siempre intenta unir los libros dentro del mismo universo. Pues bien, a pesar de esto no pienso caer en la comparación, aunque os voy a hacer una confidencia que espero que quede entre nosotros: no me parece que Middlesex sea mejor. En absoluto.
En La trama nupcial Jeffrey Eugenides nos transporta a principios de los ochenta mediante el personaje de Madeleine, una joven enamoradiza e idealista, que está trabajando en su proyecto fin de carrera sobre el matrimonio en la literatura inglesa del siglo XIX. Pero la trama comienza a recordar levemente a Jane Austen cuando conocemos a su amigo Mitchell, estudiante de teología, que está enamorado de nuestra protagonista, aunque esta a su vez a quien quiere es a Leonard, un joven que parece no ser demasiado conveniente para ella.
Este triángulo amoroso, tan propio de las novelas de la época estudiada por Madeleine, funciona a la perfección gracias a la inteligente narrativa de Eugenides, que se toma su tiempo para presentarnos a cada personaje, y cuyo ritmo es tan trepidante como el de las mejores novelas victorianas.
Y el libro al final deja un regusto amargo, porque no deja de ser realista que el camino a la madurez pase por la frustración y infelicidad. Y al final uno no sabe muy bien si eso lo provoca la edad adulta o el matrimonio.
En definitiva, una gran novela, para mí la mejor del autor hasta la fecha. ¿Y ahora qué, Jeffrey? ¿Nos volveremos a ver en 2020?
viernes, 12 de julio de 2013
Fortunata y Jacinta, de Benito Pérez Galdós
Quien siga manteniendo que la novela es la más "sucia" de las formas de expresión literaria, porque cualquier cosa que se cuente en ellas sería fácilmente resumible en pocas páginas, escenas o versos, miente. Y si sigue en sus trece, que coja Fortunata y Jacinta y se atreva a desechar uno solo de los párrafos de las más de mil páginas que componen la obra.
Y es que Galdós no deja nada al azar, ni tampoco es un autor que guste del relleno aunque lo pueda parecer. Ya empezando por el título, acompañado con la apostilla de Dos historias de casadas, que es muy necesaria para saber lo que en realidad nos vamos a encontrar, que son las historias de estas dos mujeres, cuyas vidas confluyen pero apenas se tocan.
Para poner al lector en antecedentes, ahí va el argumento: Juanito Santa Cruz, un joven caprichoso de clase acomodada, conoce de manera casual a la hermosa Fortunata, de clase social más baja. Tras abandonarla embarazada, se casa con su prima Jacinta, mujer muy cabal y virtuosa que parece llevar una vida perfecta de no ser por el detalle de que es incapaz de tener hijos. Pronto empezarán nuevamente las idas y venidas de los amores entre Juanito y Fortunata al casarse esta de manera forzosa con el abúlico farmacéutico Maximiliano Rubín. Puro folletín acompañado de una buena dosis de estudio sociológico.
Supongo que no es fácil escribir una novela tan larga (en mi caso, ni siquiera una corta), porque uno corre los clásicos riesgos de los cabos sueltos, las tramas farragosas y un sinfín de despropósitos que don Benito ha sabido esquivar. En el caso de Fortunata y Jacinta creo que su valor reside en una estructura perfecta: cuatro partes donde se desarrollan los diferentes triángulos amorosos que marcan la vida de las dos infelices casadas.
Y a propósito de este punto sobre la extensión de la obra, os tengo que decir que yo la he leído en mi Kindle (podéis descargarla aquí), y es un alivio no llevar semejante tocho en el bolso, pero muy mal estas ediciones sin una triste nota, seguramente hubiese sido mejor tirar de una edición de Cátedra aunque sean dos tomos, pero ya es tarde.
Retomando la cuestión, además de lo típico reseñable en las novelas galdosianas, como la impecable construcción de los personajes o el hábil y detallado uso de la descripción, llama la atención el juego de perspectivas, al que quizás un lector actual esté ya habituado, pero que no le resta mérito a la obra. Así, aunque tenemos un narrador omnisciente, las diferentes tramas son narradas desde el punto de vista de Jacinta y de Fortunata, sin emplear la tediosa maniobra de emplear para el mismo tiempo diferentes perspectivas, sino viendo por ejemplo un hecho desde el punto de vista de un personaje, pero sus consecuencias desde otro diferente. Y en este punto me quito el sombrero, porque si es complicado explicarlo más lo habrá sido idearlo y ponerlo en práctica.
Os recomiendo este clásico, que es para mí la mejor novela de Galdós que he leído hasta la fecha, lo que equivale a decir que es una de las mejores novelas que ha dado nuestro país. Y por último solo quiero añadir que me ha parecido realmente disfrutable la recreación de ambientes. Qué ganas le entran a uno de volver a Madrid y pasear por la calle Postas...
domingo, 23 de junio de 2013
Buñuel y una biografía de verdad: Mi último suspiro
Siempre me han hecho gracia las críticas a esos libros de las Cincuenta sombras y todo ese porno para mamás que vino después. No es que yo quiera defender el género, simplemente es que si simples son esos libros más simples es expresarlo en voz alta como si los demás no nos hubiésemos dado cuenta (aprovecho para de decir que servidora se ha leído alguno que otro, así que no me malinterpretéis). No ocurre lo mismo con otro género, el de las biografías, que salvo contadas ocasiones no son más que pseudoliteratura, y sin embargo suelen contar con el respeto de aquellos lectores "serios".
Pero tranquilos, no os he atraído aquí con el título con promesas de hablar de Luis Buñuel para luego ponerme a hablar solo de fruslerías, lo que quiero decir con todo esto es que me he dado cuenta de que este género no tiene por qué ser siempre literatura de segunda, y para muestra un botón: Mi último suspiro me ha llenado más que muchas novelas.
¿Dónde está el quid?, ¿en que Buñuel era un genio de verdad? Sería un genio, no os digo yo que no, pero no nos vamos a engañar, si os animáis a leerlo veréis que entre un comentario inteligente y otro, dice una buena sarta de tonterías... La cosa está en que se trata de una autobiografía escrita con cariño, sentimiento y mucho, muchísimo sentido de la estética, algo de que lo que a menudo carecen escandalosamente estos libros.
Recuerdo que hace muchos años, en la celebración de algún centenario o algo similar, leí una entrevista rescatada de Buñuel en la que hablaba de la envidia que le producían los escritores, pues de haber sabido escribir nunca se hubiese metido a hacer cine. Por eso años después me sentí intrigada al encontrar su autobiografía, y tras leerla he de decir que qué pena que los malos escritores de verdad no sean así, porque me ha parecido lo mejor que se puede esperar del género.
Aunque parezca que se trata de un libro escrito a trompicones, con recuerdos dispersos sin un hilo que nos indique lo que debemos ir esperando al pasar la páginas, nos encontramos ante un relato muy cuidado (lo que no sabemos es si gracias a Buñuel o a Jean-Claude Carriére), y aunque a veces parezca talmente que nos encontramos ante el flujo de conciencia del propio autor, responde a la visión onírica de la obra, pero también la que Buñuel manifestaba tener sobre su propia vida.
Os guste o no el cineasta, lo interesante del libro no es la vida del de Calanda ni su filmografía, sino su punto de vista como epicentro histórico y cultural del momento que le tocó vivir. Y al lado de todo tipo de datos y reflexiones sobre sus películas están las no menos importantes sobre la vida, la muerte y el camino a la vejez.
Os recomiendo esta biografía que, como debe ser, habla precisamente de eso: de la vida.
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